martes, 31 de marzo de 2026

Las ganas de vivir


Cuando para vivir un día más tienes que tomar veinte pastillas al día con los correspondientes problemas gástricos e intestinales que eso conlleva, cuando debes de vivir inmunodeprimida y contagiarte de forma asidua de todos los virus y bacterias que circulan alrededor tuyo con el consiguiente consumo masivo de antibióticos y probióticos para tratar de mantener un equilibrio que continuamente se rompe, cuando tus pies están hinchados así como tu cara por  efecto de los corticoides, es cuando muestras tu mejor versión en cada momento de tu vida porque sabes el valor que tiene cada nuevo día.

En cada ocasión exhibes tu mejor sonrisa, muestras tu mejor disposición y haces de cada momento, un momento inolvidable, especial, divertido y satisfactorio para todos. Sin embargo, a pesar de esas circunstancias que te llevan a valorar más la vida sigues actuando como si fueras a vivir para siempre como hacemos todos.

Y es que a nadie le gusta recordar, tener presente que su vida un día acabará, que la relación que ahora disfruta también tendrá un fin, que nuestra rutina con el tiempo sufrirá un cambio, que esa afición que nos apasiona algún día la abandonaremos, que ese trabajo que tanto nos gusta algún día finalizará. Nos gusta pensar que somos inmortales, infinitos y que todo lo que nos gusta de nuestra vida también lo es. Y en cierta forma lo somos: nuestra alma, nuestro espíritu sí que es infinito e inmortal, así como los recuerdos que creamos en otros tienen el tiempo que dure su vida.






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