Nos han enseñado que todas las
experiencias que tenemos a lo largo de nuestra vida se deben de clasificar como
fracasos o victorias. Nada más lejos de la realidad. Ya que una victoria se
puede convertir en un fracaso y un fracaso en una victoria. Es decir, todos los
sucesos que atravesamos en la vida son experiencias de transformación motivadas
por decisiones que tomamos nosotros o que otros toman por nosotros y que nos
conducen a un escenario vital distinto. De esta manera nosotros vamos cambiando
a la par que va cambiando el universo vital que habitamos. Entonces lo que
ocurre no se puede etiquetar de éxito o de fracaso o no debería, porque nunca
sabemos a qué espacio nos va a llevar a habitar a nivel físico, a nivel de conciencia,
a nivel de evolución. Los cambios siempre van a ser positivos para
nosotros porque van a suponer un crecimiento como seres humanos que somos. Así
que percibir los sucesos que transitamos como fracasos o victorias es tener una
percepción muy ruda y muy poco sutil y rica en matices de todo lo que puede suponer
un acontecimiento que se instala en nuestra existencia y que constituye el
detonante de la transformación de creencias, de percepciones y de patrones de
comportamiento que nos aporta. Hay sucesos que nos transforman más que otros,
pero todos contribuyen a construir los seres humanos en que nos convertimos a
medida que pasa el tiempo.
jueves, 26 de febrero de 2026
Los cambios
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